Mexico y América Latina (2007)

 

Sinopsis

Existe una visión ampliamente compartida según la que hoy en día México se ha alejado de América Latina, habiéndose debilitado sus lazos culturales, políticos y económicos. Al contrario, el documento “México y América Latina” sostiene que esa visión responde más a un mito que a una realidad histórica, debido a que han sido más frecuentes los desencuentros en política exterior que los puntos de convergencia.

Se suele argumentar que la afinidad entre México y América Latina involucra a los pueblos – más que a los gobiernos– que comparten una historia, una cultura y un sentir común. En realidad, la cercanía de México a América Latina consiste es aspectos relacionados a la esfera emocional, y no a intereses geopolíticos reales.

La pertenencia a una sola realidad cultural, histórica, lingüística y religiosa, entendida como comunidad latinoamericana, representa una perspectiva simplicista y superada a la luz de las relaciones intra-hemisféricas. México se ubica en un entramado de relaciones e intereses que, desde hace dos siglos, está marcado por la preeminencia de Estados Unidos, con que comparte mucho más de una frontera de más de 3000 Km.

Los profundos vínculos mexicanos con Estado Unidos dan cuenta de una economía nacional en la que importantes porcentajes de diferentes rubros de la balanza de pagos se originan en el Norte. El turismo, la inversión extranjera, el comercio internacional, y el flujo migratorio son sólo algunos de los aspectos de una relación crucial, que determina hacia donde mira México dentro del continente americano.

Este es el centro del dilema mexicano: por un lado, la percepción popular y emotiva de una supuesta unidad latinoamericana, por el otro un sistema político y económico inextricablemente vinculado con el Norte. Este dilema explica las razones por las que ciertas decisiones fundamentales, que definieron el rumbo de México en las relaciones internacionales, no fueron explicadas a la ciudadanía ni al concierto regional. Es el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que profundizó aún más la concentración de los intereses mexicanos en el Norte del continente americano, y no hacia el Sur.

Estos vínculos no impiden que México desarrolle una política exterior realista en América Latina, priorizando sus relaciones privilegiadas con América Central y el Caribe por un lado, y persiguiendo puntuales alianzas estratégicas con otros países en función de intereses comunes por el otro.

Frente a la preeminencia de Estados Unidos, México ha llevado a cabo una articulada e intensa actividad en el escenario multilateral, como instrumento para la diversificación de sus relaciones internacionales. Por estas razones, se explica el activismo mexicano en temas clave de la agenda global (desarme, derechos humanos y medio ambiente, entre otros), siendo país anfitrión de varias de las conferencias internacionales más importantes de los últimos veinticinco años.

Si bien sea cierto que México tiene su corazón en América Latina, pero su cartera y su cabeza en el norte, aceptar esta visión puede ser doloroso para los países vecinos y para la sociedad mexicana. No obstante, se trata de un proceso consolidado e irreversible.